El detonante fue el alza abrupta de precios de productos básicos y una medida del Banco Central que encareció el dólar para importadores, llevando a los históricamente leales comerciantes de los bazares a cerrar y protestar. Aunque el gobierno ofreció transferencias mensuales a la población, el malestar escaló hasta corear "Muerte a Jamenei", desafiando al líder supremo Ali Jamenei.
La participación de los bazaaris, pilar clave de la Revolución Islámica de 1979, marca una diferencia crucial con protestas anteriores y simboliza una fractura profunda en la base de apoyo del régimen. Las autoridades intentan separar las demandas económicas de las políticas, tildando a estos últimos de "agitadores" externos mientras prometen una represión más dura.

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